LA VENTA DE LA VIVIENDA FAMILIAR

Cuando se vende la vivienda familiar se debe considerar, que la persona casada, necesita del asentimiento del otro u otra cónyuge, según disponen el art. 456 y 470 del Código Civil y Comercial, caso contrario se podrá solicitar la nulidad de la operación.

¿Pero que sucede si la pareja no está casada y conforman una unión convivencial?

En ese caso hay que distinguir si la unión está inscripta o no.  Si está inscripta, ninguno de los convivientes puede sin el consentimiento del otro, disponer de los derechos sobre la vivienda familiar, ni de los muebles indispensables de ésta, ni transportarlos fuera de la vivienda, como dice el art. 522 del Código Civil y Comercial.  Caso contrario, el conviviente que no prestó en consentimiento puede pedir la nulidad del acto, dentro del plazo de caducidad de seis meses de haberlo conocido, y siempre que continuase la convivencia.

Un punto interesante para uniones convivenciales registradas, es que si el o la conviviente no quiere dar su asentimiento, el o la conviviente que quiere vender, puede requerir la autorización judicial para hacerlo, siempre que en la venta no esté comprometido el interés familiar.

Si la convivencia no está registrada, el conviviente que desea vender no estaría en principio, obligado a requerir el consentimiento del otro o la otra conviviente, dado que el código requiere el asentimiento.

Sin embargo, como en la venta de la vivienda familiar pueden estar comprometidos el interés de los o las menores a satisfacer su necesidad de tener una vivienda, es conveniente que el conviviente de una unión no convivencial no inscripta, preste su asentimiento para la venta, para evitarse el vendedor o vendedora, planteos realizados con fundamento en el interés superior del niño o niña.